martes, 21 de mayo de 2019

Transfusión de años







 De incógnito le sacamos la foto. A la señora mayor, a quien los pies le duelen y la piel le pesa, y a la nena, que salta y corre con ligereza, como si acabara de descubrir que tiene dos pares de cosas debajo suyo que la ayudan a trasladarse. Muy probablemente fue así.

Y la señora, que con esfuerzo levanta aquella pesada bolsa, siente un poco de envidia por aquella vida nueva que no le cuesta moverse, correr,saltar.
Pero sonríe la señora, se ríe la señora y por cada paso que da la nena, las arrugas en su rostro se acentúan más.

Pero corre la nena, sonríe la nena y parece que con cada salto que da, le quita otros cinco años de vida a la viejita que se acerca,cada vez con más esfuerzo y lentitud, hacia ella.
La madre de la nena la ve explorando su nuevo mundo y no hace más que sonreír, sin notar a la señora, mucho mayor de lo que era al principio de la cuadra.

Cada paso que daba significaba un nuevo grado de dolor. Paso, la rodilla.Paso, la cadera. Paso, mi muñeca se acalambra. Paso, mi artritis me molesta el cuello.

Al cruzarse, la vieja señora y la nena recién aventurada a caminar, la cantidad de años restantes de la viejita se esfumaron, y lanzando una exclamación, cayó muerta. La madre soltó un gritó y alzando a su hija se apartó. La nena observó todo con los ojos bien abiertos, sin comprender bien porque aquella viejita estaba tirada en el suelo.
 Era algo que no se molestó en seguir pensando, dentro de poco aquel recuerdo se esfumaría, al igual que su niñez.
















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